¿Cómo hacer realidad los deseos?

El hombre es semejante a Dios por nuestra capacidad de crear. Este poder permite hacer realidad nuestros deseos, cambiar nuestra realidad. ¿Cómo se invoca este poder?

El propio Nombre de Dios resulta impronunciable porque básicamente se trata de una fórmula. Se trata de una estructura. Y tampoco se pronuncia con palabras. El nombre de YHVH realmente es un conjuro de invocación.

Hay cuatro preceptos que son fundamentales para que funcione la invocación del poder del Nombre de Dios. Uno es la aceptación de los resultados sean cuales sean, otro es pedir aquello que necesitamos y que también nos esforzamos en conseguir, otro hacer la petición en el momento y lugar adecuado, y por último recibirla con agradecimiento. Pero aun queda otro elemento fundamental para completar este proceso. Y es la potencia de nuestra petición, la fuerza con la que somos capaces de pronunciar el nombre. Esta potencia es directamente proporcional a nuestra integridad espiritual. ¿Qué es eso? Pues sencillamente el nivel de coherencia entre lo que realmente creemos y cómo nos comportamos.  No voy a entrar a discutir cuales deben ser esos valores. Cada persona tiene los suyos, pero la coherencia interior implica actuar conforme a nuestros principios.

Las instrucciones de invocación se han escrito de muchas maneras a lo largo de la historia. En la novela Los versos de Pandora abordo muchos ejemplos sobre esta forma de re-entender nuestro pasado. Y en el libro La firma de Dios se explica esta invocación con más detalle. En esta web hay una interpretación sobre unos misteriosos canecillos de una ermita templaria en el río Lobos que detallan un proceso de iniciación y unos conjuros utilizando el poder del Nombre de Dios. Leer más...

 

El nombre de Dios estructura un proceso que permite hacer realidad nuestros deseos.

YHVH no es un nombre sino que representa un conjuro que se recorre letra a letra.

  • El primer nivel del nombre de Dios es una letra. Es la que proporciona la potencia al conjuro. Esta fuerza es la VOLUNTAD. La potencia de nuestra voluntad es directamente proporcional a nuestra integridad espiritual, ya que uno no puede desarrollar su integridad sin una tremenda fuerza de voluntad. 

 

  • El segundo nivel del nombre son dos letras. Este nivel concilia lo que puede ser y no ser de nuestra petición. Aúna la voluntad del creador con la nuestra. Representa la combinación de CREER con el AGRADECIMIENTO. Debemos agradecer la manifestación de nuestra petición al margen de que se cumpla o no. Debemos creer en su materialización sin importar el cómo. No debemos decirle al universo cómo hacer su trabajo. Basta con centrarse en el objetivo final. El proceso es incognoscible.

 

  • El tercer nivel apunta a cómo equilibrar la fuerza de la voluntad para convertirla en acción creadora. El Nombre de Dios se pronuncia en un idioma universal que conjuga tres elementos (letras): una INTENCIÓN FIRME, que es la fuerza de voluntad bien enfocada; la acción de las IMÁGENES MENTALES o imaginación; y la INTENSIDAD EMOCIONAL conectada al deseo que se pretende manifestar. La combinación equilibrada de estos tres elementos genera la creación. Ese poder actúa como cuando se dispara un arco. La voluntad es la fuerza que tensa la cuerda, la emoción se ubica en un extremo del arco y la imagen mental en el otro. Si los extremos del arco no están equilibrados la flecha se desviará sin alcanzar el blanco, es decir, no se manifestará.

 

  • El cuarto nivel detalla el proceso del conjuro de la creación per sé, sin embargo esta fórmula no funcionará si no se halla sustentada por los elementos ya descritos en los tres niveles anteriores.
  1. Apertura. Definir bien el deseo a formular.
  2. Imaginar visualmente su materialización. También se puede definir con palabras, pero es más efectivo visualizarlo.
  3. Cargar esta imagen de emoción. Sentir el efecto que su materialización produce en nuestra vida. Creer en su realización.
  4. Cierre del conjuro. No volver a pensar en ello. Sí que podemos recrearnos en las emociones que nos genera el deseo. Recordarlo y agradecer su manifestación, al margen de cuándo sea que se pueda materializar.

 

CREER es CREAR: Definir un deseo, imaginarlo, cargarlo de emoción y sentir que se hace realidad.

Dominar este conjuro no es fácil, aunque sea asequible para todos. La oración sincera es un ejemplo tan ancestral como actual de su ejecución eficaz. No todas la oraciones funcionan, ya que no todo el mundo reza de la mima manera, ni con la misma implicación, ni con la misma integridad espiritual. A continuación voy a esclarecer varios puntos importantes por los que suele fallar esta fórmula de invocación del poder del Nombre de Dios que permite materializar los deseos.

 

La oración sincera y con intención plena es la fórmula más sencilla de realizar este conjuro.

¡Y funciona!

 

 

 

PARAMETROS PARA HACER REALIDAD NUESTROS DESEOS

 

  1. Apertura:

Cualquier conjuro que pretenda ser efectivo debe iniciarse con una invocación de apertura en la que debe quedar patente nuestra actitud y el cumplimiento de las premisas descritas. Puede tratarse de una sencilla oración, una acción, o ambas.

 

  1. Formulación:

Hace falta crear una imagen mental de lo que deseamos manifestar. Aquí entran en juego las emociones. Si la imagen no nos emociona, la mente divagará y esta imagen se diluirá entre un carrusel de otras imágenes.

 

  1. Pasado, PRESENTE y futuro:

Utilizar el tiempo verbal presente es importante para reafirmar nuestra creencia subconsciente en la materialización del deseo. Acciones verbales como “me gustaría” o “tendré” manifestarán una realidad que siempre se quedará en la posibilidad condicional o el futuro. Hay que traer las cosas al presente.

 

  1. Lo negativo atrae lo negativo:

En el idioma universal no existe el no. Si deseamos un coche y matizamos que queremos este coche pero no este otro, corremos el riesgo de generar una imagen mental subconsciente del coche que NO queremos y además de adherir a esa imagen una carga emocional suficiente para que se manifieste, aunque sea una carga emocional de disgusto.

 

  1. ¿Qué pedir?

Dios respeta nuestro libre albedrío así como nuestras decisiones. No se puede pedir que alguien nos ame si no quiere, no se puede alterar la voluntad de otro ser. El poder del nombre de Dios no se limita a atraer cosas materiales, aunque este parecer ser el principal interés del mundo de hoy. Podemos utilizar este poder para sanar tanto nuestro pasado como nuestro presente. Las posibilidades sólo las determina tu imaginación y tu potencia como creador.

¡Cuidadín con el dinero! Un error muy común es pedir dinero para comprar la manifestación de nuestro deseo. ¡Craso error! El dinero es una creación del hombre, un acuerdo cultural entre los seres humanos. Es resultado de una convención de nuestro libre albedrío y los deseos no intervienen sobre el libre albedrío. El dinero sirve para comprar bienes y servicios. Nuestro deseo debe concentrarse en dichos bienes o servicios, si es que eso es lo que busca en su vida.

¿No será mejor pedir salud, sensatez, alegría, bienestar?

Pero… ¡Ojo! Pedir plenitud y felicidad puede acarrear resultados incómodos. Ambas son resultado de un estado interior y no de adquisiciones materiales, por lo tanto el universo puede hacernos descarrilar de nuestro rumbo actual, y sacarnos de nuestra zona de confort con el fin de que aprendamos un nuevo estado interior desde el que disfrutar esa felicidad y plenitud. Hay que confiar. Merece la pena.

 

  1. Confiar:

No hay que decirle a Dios cómo debe hacer su trabajo. No debe preocuparnos cómo se producirá la manifestación de nuestro deseo. Los caminos de Dios son inescrutables y así debemos aceptarlo.

 

  1. Magia:

La magia es la manera mediante la que podemos intervenir y alterar la realidad. La magia permite nuestro propio espacio de creación individual. La magia busca el camino de menor impacto para manifestar nuestra intención en la realidad creada. No funciona como muestran las películas. Para que se active la magia debemos creer que es posible que nuestro deseo se cumpla, si es la voluntad de Dios. Creer es crear. Si dudas no creas.

 

  1. ¡No funciona!

Su poder de conjurar es directamente proporcional a su integridad espiritual. Comience con objetivos que estén dentro de su esfera de disponibilidad. Según vaya ganando en poder también lo hará en capacidad. Si el conjuro no funciona puede que no sea el momento. Acuérdese de la aceptación.

Hemos visto que el propósito de la existencia humana es aprender y evolucionar, por lo tanto, los deseos que contribuyen a nuestro aprendizaje tienden a cumplirse. Y aquellos que buscan “aprobar sin estudiar” no.

Siguiendo con el símil del arco. Está bien practicar la puntería, y disparar varias flechas. Pero es muy importante que la clausura de cada disparo quede bien hecha. Si los disparos quedan energéticamente conectados, el conjuro diluirá su potencia, y más con cada repetición.

 

  1. Cierre.

Aquí es donde fallan la mayoría de las otras herramientas que pretenden influir en la realidad. La duración del conjuro puede ser de unos cuantos minutos hasta muchos más minutos. El tiempo no es lo determinante. La calidad y la intensidad de nuestro proceso interno sí lo son. Una mayor duración no repercute en un conjuro más poderoso. Por el contrario, una mayor duración puede dispersar nuestra concentración y diluir la potencia de nuestra invocación. El cierre es como encender un interruptor de la luz. Le das y punto. Si le das más veces, lo que puedes hacer es apagar la luz de nuevo, o estropearlo, o fundir la bombilla de tanto sí y no. El cierre es clave para la eficacia del conjuro.