Parte 5/7 del Documental: El Lenguaje de los Números.
La Crónica de los Planetas - Una historia del Sistema Solar...
Parte 5/7 del Documental: El Lenguaje de los Números.
Planetas embrionarios chocaban, gigantes de gas se desplazaban como depredadores, y cada impacto podía crear o destruir mundos enteros. Cuando el Sol se encendió una nube de polvo estelar empezó a condensarse.
Los primeros planetas nacieron… pero también surgió un peligro.
Júpiter, una estrella fallida, descendía implacable hacia el Sol.
En su camino arrasó el cinturón de asteroides, golpeó Marte hasta dejarlo casi muerto, deformó a Venus, y puso en jaque la existencia misma del Sistema Solar.
Mercurio fue despedido hacia su órbita actual.
Venus quedó girando del revés.
La Tierra… sobrevivió de milagro.
Y gracias a una colisión perfecta —una carambola cósmica única— recibió un regalo que lo cambiaría todo: la Luna.
Cuando todo parecía perdido, un nuevo gigante entró en escena.
Saturno, con sus anillos recién nacidos, detuvo la caída de Júpiter mediante una resonancia gravitatoria armónica que cambió el destino de nuestro sistema solar.
El caos dio paso a la armonía. Y la nueva estructura orbital generó una lluvia de cometas que inundaron a los planetas de agua.
Gracias a esto, la Tierra pudo encender su escudo electromagnético, y convertirse en la cuna del experimento que cobijaría. Así nació la vida.
La historia de nuestro Sistema Solar no es solo ciencia, es un milagro de ingeniería cósmica que nos transporta por el universo.
Y tú formas parte de ella.
Documental realizado con fines educativos y sin ánimo de lucro por WMO Productions.
- Estas producciones se realizan con fondos propios de Willy M. Olsen con el fin de difundir este conocimiento.
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Toda la música y las imágenes son empleadas exclusivamente con fines educativos, divulgativos y sin ánimo de lucro, en el contexto de una explicación científica sobre el propósito de este documental. Este contenido se ampara en el principio de uso legítimo (Fair Use) según la Sección 107 del Copyright Act de 1976, que permite el uso de material protegido con fines tales como crítica, comentario, enseñanza, investigación o análisis educativo. El uso no comercial refuerza la consideración de uso legítimo. No existe intención alguna de infringir derechos de autor. Todo el contenido musical y visual pertenece a sus respectivos propietarios. Si los titulares de derechos consideran inapropiado su uso, agradeceré se pongan en contacto para revisar, modificar o retirar el material correspondiente.
No soy propietario de los derechos de autor de la música utilizada en este video, incluida “Los Planetas” de Gustav Holst, interpretada por The Liverpool Philharmonic Chorus / Royal Liverpool Philharmonic Orchestra / Sir Charles Mackerras / Berliner Philharmoniker, Herbert von Karajan.
La música es empleada exclusivamente con fines educativos, divulgativos y sin ánimo de lucro, en el contexto de una explicación científica sobre la formación del Sistema Solar.
- Dirección, producción y guión: Willy M .Olsen
- Realización: Laura Romero Alcobendas
Guión completo - La Crónica de los Planetas
Una historia del Sistema Solar...
Planeta significa viajero errante…
Hace 4.600 millones de años… Se hizo la luz.
El Sol se encendió. Y su energía puso en marcha el Sistema Solar.
Entonces, una nube de plasma y polvo estelar se fue condensando. La materia se agrupaba en asteroides que chocaban entre sí, en un proceso llamado acreción, fusionándose en incipientes planetas.
Sin embargo… Un gigante estelar, una estrella fallida, quiso imponer su reinado al naciente Sistema Solar.
Este dios se llamaba Júpiter.
Caía en espiral hacia el Sol, devorando todo lo que encontraba a su paso.
Desbarató el cinturón de asteroides al atravesarlo. Atacando a los otros planetas con un caos de meteoros y colisiones.
Se acercó mucho a Marte, ¡Demasiado! Marte le plantó cara como un buen guerrero. Pero… ¿Qué podía hacer contra el gran señor de los cielos? Marte devolvió los golpes como pudo. Perdió la batalla. Quedó menguado, sin fuerza, sin un escudo electromagnético… Las tormentas solares arrasaron su agua, y cualquier intento de hacer florecer la vida.
¡Ay, Marte!
Júpiter seguía marchando rumbo al Sol. Avanzando implacable.
Amenazando a los recién nacidos planetas interiores. Provocando devastadoras perturbaciones y tremendas colisiones.
Mercurio fue el siguiente.
No estaba donde está hoy. Recibió de lleno el impacto de otro planetoide. Mercurio perdió su corteza y su manto, dejando un pequeño núcleo metálico desnudo, con la misma densidad que la Tierra, pero la tercera parte de su tamaño. Del golpe, salió despedido hacia el Sol. Habría muerto calcinado, pero le salvó su velocidad. Escapó de ser engullido por el astro rey orbitando a velozmente a su alrededor. Los otros planetas, asombrados, le apodaron el viajero, el mensajero de los dioses.
Pero Júpiter no se iba a detener ahí…
Venus también sufrió lo suyo. Otra colisión la dejó turuleta, rotando en dirección contraria a la de sus hermanos. Su día quedó más lento que su año. Venus quedó expuesta a los rayos cósmicos, yerma para la vida, sin un campo magnético que la protegiese, y sin movimientos tectónicos que movieran su clima. Se vistió con una atmósfera abrasadora, que le regaló su brillante fulgor, con el que poco podía hacer más que enamorar las noches del planeta azul.
¡La Tierra!
Nuestro mundo tampoco se libró. Nació igual que Venus, pero su destino sería otro.
Empezó como un planeta de roca y fuego. Sin agua. Y tampoco azul.
Esta colisión lo cambiaría todo. Fue un choque orquestado con la precisión de una carambola de billar. Que le regaló la Luna. Este inmenso y único satélite cambió la estructura y el funcionamiento de nuestro mundo, armonizando sus ciclos, ajustando su rotación, y activando su núcleo.
La Tierra viajaba sola, por el espacio vacío, a merced de mortales tormentas solares y rayos cósmicos. Pero supo defenderse, activando un escudo de energía electromagnética que algún día se llamaría Aurora Boreal.
Mientras tanto… Júpiter continuaba su masacre.
¿Quién osaría detener la embestida de ese titán?
Otra fuerza lo consiguió.
Muy lejos, en el exterior del sistema solar, otro gigante se envalentonó.
¡Saturno!
Había devorado un planetoide que osó aproximarse demasiado. Su gravedad lo desintegró, transformándolo en sus anillos, y ganando un poderoso momentum. Saturno emparejó su órbita con la de Júpiter generando una resonancia gravitatoria armónica. Júpiter notó la llamada de esa nueva energía, que le hacía bailar a otro compás.
Se dejó seducir y, poco a poco, fue retornando a su órbita original. En su camino al exilio, Júpiter dispersó en todas direcciones a los gigantes de hielo que poblaban el cinturón de asteroides.
Estos cometas de agua congelada llovieron torrencialmente sobre los planetas del Olimpo inseminando con el preciado elemento a Marte, a Venus… ¡Y a nuestro mundo!
La Tierra recibió contenta este regalo de los cielos. ¡Agua!, ¡Muchísima agua! Justo cuando ya estaba preparada para preservarla. Y así empezó otra historia…
¡LA VIDA!
En los cielos… La familia celestial de Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón fijó sus destinos, ocupando sus propios reinos, es decir, sus órbitas, entrelazándose con resonancias gravitatorias armónicas que orquestaban la nueva música de las esferas. Desde allí observan y defienden nuestro increíble sistema solar. Una máquina planetaria en la que viajamos a salvo, mientras surcamos un universo infinito, inhóspito e implacable.
¡Gracias!
Música: Extractos de la Sinfonía “Los Planetas” de Gustav Holst.
