Willy M. Olsen – Investigación, publicaciones y documentales

El Nombre de Dios

El Nombre de Dios es una matriz de números

 

El Nombre de Dios es una matriz de números que configura realidades tan diversas como el ADN, los pilares de las matemáticas y de la física, nuestro universo, y antiguos sistemas de creencias que siguen vigentes hoy en día.

 

Willy M. Olsen lleva mucho tiempo estudiando esta matriz. Se trata de un conjunto de números que siempre ha estado ahí, sin instrucciones. Con los años ha ido constatando cómo nuestra realidad, la propia física, el ADN, el mismísimo ser humano e incluso los cimientos de nuestra cultura están estructurados en función de esta matriz, que ha llamado la GRAMÁTICA DE LA CREACIÓN y que también afirma que es el NOMBRE DE DIOS.

Ha realizado  una serie de publicaciones y de documentales que van explicando distintos aspectos e interpretaciones de esta matriz. Cuanto más se profundiza en ella, más sublime resulta su gramática. Sin duda se trata del Nombre de Dios, no simplemente por las incuestionables coincidencias con la cábala, sino porque estructura la realidad, y la magia, hasta sus más íntimos detalles.

Si esta matriz es el Nombre de Dios, se podría considerar SU firma en la creación, porque, bien pensado… ¿dónde ubicaría el creador su sello?, ¿que lugar mas universal, atemporal y omnipresente que los propios números? Los números no son patrimonio del ser humano, son estructuras inherentes a la realidad.

 

 

Si hay algo que diferencia nuestra época actual de otros periodos de nuestra historia es la abundancia de información. Nunca antes ha habido tantos recursos informativos a nuestra disposición: libros, internet, foros, TV... Irónicamente tampoco antes hemos padecido de tanta incertidumbre.

El exceso de información nos empacha, pero no nutre las certezas, ni los pilares de nuestras creencias. Hoy en día hay muchas personas que no tienen claro en lo que creen, simplemente se dejan llevar por esta ola de sobre-estimulación en la que surfea nuestra cultura. Y entonces, cuando llegan esos inevitables momentos en los que la vida nos abofetea, surgen las depresiones y las crisis existenciales.

Uno de los conceptos que ha quedado atrapado en esta red de información ha sido el de un creador, y lo llamo creador porque dios es una palabra tamizada de excesivas connotaciones religiosas, que lamentablemente se respetan menos cada día. Sin embargo, la gran pregunta sigue vigente ¿de dónde hemos venido?, ¿por qué estamos aquí?

El creador es la piedra angular desde la que se edifica la realidad, y la clave para dar un sentido a nuestra existencia. Sin embargo, Dios ha tenido la costumbre de transitar discretamente tras las bambalinas, interactuando con los personajes del escenario con la discreción de un apuntador, invisible a los espectadores, quienes, atrapados por la narrativa, intuyen con inseguridad que quizá pudiera haber un guion dirigiendo sus vaivenes emocionales. El artífice de esta gran obra nunca se presenta en el escenario, salvo quizá al final cuando tocan los aplausos.

Willy M. Olsen ha tenido la fortuna de fijarse en el cartel de esta maravillosa obra de teatro, y ahí, entre sus créditos se encuentra la firma del director. Hay que fijarse, no dejarse deslumbrar por los protagonistas de la película, ni dejarse atrapar por su suculenta narrativa, ni rebuscar entre la continua retahíla de títulos de crédito que contribuyen a su producción. Ahí, en un lugar tan discreto como protagonista se encuentra la firma del autor de esta obra de arte que conforma nuestra existencia.

Así que para presentar y compartir toda esta investigación Willy M. Olsen ha elaborado una serie de publicaciones y de documentales.

Los versos de Pandora presenta un análisis de todo el conocimiento humano disfrazado de extensa novela histórica y de aventuras. Plantea un viaje de iniciación que culmina en el Nombre de Dios. La firma de Dios presenta directamente la investigación sobre el Nombre de Dios, con información complementaria y actualizada respecto a Los Versos de Pandora. Hacía falta otro formato de divulgación más conciso que sintetizara los fascinantes intríngulis de esta matriz, máxime en este mundo en el que el recurso más escaso es el tiempo y la gente lee poco.

 

¿De dónde sale la matriz?

1 + 1 = 2 pero dos 1 no son lo mismo que un dos.

 

La tabla de multiplicar refleja y ordena la extensión de este concepto. Si reducimos la tabla de multiplicar en su totalidad obtenemos una matriz de números que se repite sin cesar, como los ladrillos de una construcción.

Reducir números significa sumar las cifras que los componen hasta dejar una.

Por ejemplo: 2658 = 2 + 6 + 5 + 8 = 21 = 2 + 1 = 3

La matriz resultante esta compuesta de 8 filas y 8 columnas, de un total de 64 cifras.

El origen de la matriz y de la gramática de la creación se explica visualmente en este extracto del  documental completo: El Lenguaje de los Números. Claves para entender la realidad.

La estructura, simetrías y operaciones dentro de la matriz de 8 x 8 establecen reglas de la gramática de la creación que entre otras cosas ordenan las bases de antiguos sistemas de creencias tan influyentes y dispares como: El tao, el I Ching, la astrología, la tetraktys, el atman y brahmán, la cábala… así como la física moderna y nuestro universo.

La matriz también da un sentido a por qué el ADN universal de todos los seres vivos se estructura de la forma en que lo hace: enrolla conjuntos de 4 bases nitrogenadas conectadas en parejas, y que se agrupan en 64 tripletes…

Las combinaciones del corazón de la matriz compuesta por las cifras 72-27 generan los tres números clave que ordenan el universo y las matemáticas: Phi, la proporción aurea, en la naturaleza; Pi, en la geometría y “e” en el cálculo.

La matriz codifica tanto la universalidad de Dios como la individualidad del alma. El código Atman determina los parámetros de la encarnación de cada alma.

Todo esto y muchísimo más se explica en la serie de publicaciones y de documentales elaborados por Willy M. Olsen.

 

¿Porqué esta matriz es el Nombre de Dios?

 

Han hecho falta estas publicaciones y documentales para ilustrar esta cuestión. Sin embargo, he aquí un breve esbozo de uno de los argumentos. Este desarrollo en concreto está basado en la cábala, que es la disciplina que más ha profundizado en el Nombre de Dios. Aplicando la cábala averiguamos varios hechos trascendentes.

Se explica visualmente en este extracto del  documental completo: La Firma de Dios. La prueba de que existe un creador.

El tetragramatón, YHVH, se codifica numéricamente en esta matriz para adquirir su manifestación.

  • El Nombre de Dios: YHVH, suma cabalísticamente 26: Yod (10), He (5), Vav (6) y He (5), que, según la gematría, es 8 (2+6), igual que el número de cifras de cada fila y columna de la matriz numérica.
  • Yahveh combina la energía masculina y femenina: YH, Yah (יה), significa Señor, y VH, Hava (חוה), la primera mujer.
  • La simetría de la matriz también muestra dos partes opuestas pero iguales. La tetraktys pitagórica aplicada al nombre de Dios da 72, como resalta el centro de la matriz (Y+YH+YHV+YHVH).
  • 45 es el número cabalístico del hombre ADM, Adán. Las filas 3 y 6 de la matriz suman exactamente 45.
  • La proporción dorada, Phi, aplicada al ser humano (ADM) da 72 (45x1,6).
  • Cada par de filas de la matriz separadas por las del hombre suma 72, y un total de 216, el número sagrado del poder de Dios (216 = 72x3 = 6x6x6). Es decir que el numero del poder del Nombre de Dios: 216 resulta de la suma de todos los números de la matriz cuando se omiten las líneas 3ª y 6ª que suman 45 cada una y representan al hombre y a la mujer.
  • El versículo 27 del Génesis cita: “Y creó Dios al hombre a su imagen y semejanza…”

Este es un resumen de algunos de los argumentos que permiten afirmar que esta matriz es el Nombre de Dios, y por lo tanto la firma del creador. Se recomienda ver el documental completo: La Firma de Dios. La prueba de que existe un creador.

 


 

¿Cómo hacer realidad los deseos?

Aprender a pronunciar el Nombre de Dios

 

Además de las implicaciones filosóficas y culturales, el Nombre de Dios también es un mecanismo mediante el cual la voluntad de un ser espiritual se manifiesta en la realidad. Por este motivo la Biblia afirma que el Nombre de Dios resulta impronunciable porque básicamente no se trata de una palabra, se trata de una fórmula. Se trata de una estructura. Y tampoco se pronuncia con palabras. 

El nombre de YHVH inscrito en la matriz de números realmente es un conjuro de invocación que permite que nuestros deseos se hagan realidad.

 

El hombre es semejante a Dios por nuestra capacidad de crear. Este poder permite hacer realidad nuestros deseos, cambiar nuestra realidad. ¿Cómo se invoca este poder?

 

El propio Nombre de Dios resulta impronunciable porque básicamente se trata de una fórmula. Se trata de una estructura. Y tampoco se pronuncia con palabras. El nombre de YHVH realmente es un conjuro de invocación.

Hay cuatro preceptos que son fundamentales para que funcione la invocación del poder del Nombre de Dios. Uno es la aceptación de los resultados sean cuales sean, otro es pedir aquello que necesitamos y que también nos esforzamos en conseguir, otro hacer la petición en el momento y lugar adecuado, y por último recibirla con agradecimiento. Pero aun queda otro elemento fundamental para completar este proceso. Y es la potencia de nuestra petición, la fuerza con la que somos capaces de pronunciar el nombre. Esta potencia es directamente proporcional a nuestra integridad espiritual. ¿Qué es eso? Pues sencillamente el nivel de coherencia entre lo que realmente creemos y cómo nos comportamos.  No voy a entrar a discutir cuales deben ser esos valores. Cada persona tiene los suyos, pero la coherencia interior implica actuar conforme a nuestros principios.

Las instrucciones de invocación se han escrito de muchas maneras a lo largo de la historia.

En la novela Los versos de Pandora abordo muchos ejemplos sobre esta forma de re-entender nuestro pasado. Y en el libro La firma de Dios se explica esta invocación con más detalle. En esta web también hay una interpretación sobre unos misteriosos canecillos de una ermita templaria en el río Lobos que detallan un proceso de iniciación y unos conjuros utilizando el poder del Nombre de Dios. Leer más...

Se recomienda ver el documental completo: Las Leyes de la Magia. Cómo invocar el poder y que funcione.

 

El nombre de Dios estructura un proceso que permite hacer realidad nuestros deseos.
 
YHVH no es un nombre sino que representa un conjuro que se recorre letra a letra.

 

  • El primer nivel del nombre de Dios es una letra. Es la que proporciona la potencia al conjuro. Esta fuerza es la VOLUNTAD. La potencia de nuestra voluntad es directamente proporcional a nuestra integridad espiritual, ya que uno no puede desarrollar su integridad sin una tremenda fuerza de voluntad. 
  • El segundo nivel del nombre son dos letras. Este nivel concilia lo que puede ser y no ser de nuestra petición. Aúna la voluntad del creador con la nuestra. Representa la combinación de CREER con el AGRADECIMIENTO. Debemos agradecer la manifestación de nuestra petición al margen de que se cumpla o no. Debemos creer en su materialización sin importar el cómo. No debemos decirle al universo cómo hacer su trabajo. Basta con centrarse en el objetivo final. El proceso es incognoscible.
  • El tercer nivel apunta a cómo equilibrar la fuerza de la voluntad para convertirla en acción creadora. El Nombre de Dios se pronuncia en un idioma universal que conjuga tres elementos (letras): una INTENCIÓN FIRME, que es la fuerza de voluntad bien enfocada; la acción de las IMÁGENES MENTALES o imaginación; y la INTENSIDAD EMOCIONAL conectada al deseo que se pretende manifestar. La combinación equilibrada de estos tres elementos genera la creación. Ese poder actúa como cuando se dispara un arco. La voluntad es la fuerza que tensa la cuerda, la emoción se ubica en un extremo del arco y la imagen mental en el otro. Si los extremos del arco no están equilibrados la flecha se desviará sin alcanzar el blanco, es decir, no se manifestará.
  • El cuarto nivel detalla el proceso del conjuro de la creación per sé, sin embargo esta fórmula no funcionará si no se halla sustentada por los elementos ya descritos en los tres niveles anteriores.
  1. Apertura. Definir bien el deseo a formular.
  2. Imaginar visualmente su materialización. También se puede definir con palabras, pero es más efectivo visualizarlo.
  3. Cargar esta imagen de emoción. Sentir el efecto que su materialización produce en nuestra vida. Creer en su realización.
  4. Cierre del conjuro. No volver a pensar en ello. Sí que podemos recrearnos en las emociones que nos genera el deseo. Recordarlo y agradecer su manifestación, al margen de cuándo sea que se pueda materializar.

 

CREER es CREAR: Definir un deseo, imaginarlo, cargarlo de emoción y sentir que se hace realidad.

 

Dominar este conjuro no es fácil, aunque sea asequible para todos. La oración sincera es un ejemplo tan ancestral como actual de su ejecución eficaz. No todas la oraciones funcionan, ya que no todo el mundo reza de la mima manera, ni con la misma implicación, ni con la misma integridad espiritual. A continuación voy a esclarecer varios puntos importantes por los que suele fallar esta fórmula de invocación del poder del Nombre de Dios que permite materializar los deseos.

 

La oración sincera y con intención plena es la fórmula más sencilla de realizar este conjuro. ¡Y funciona!

 

 

PARAMETROS PARA HACER REALIDAD NUESTROS DESEOS

 

  1. Apertura:

Cualquier conjuro que pretenda ser efectivo debe iniciarse con una invocación de apertura en la que debe quedar patente nuestra actitud y el cumplimiento de las premisas descritas. Puede tratarse de una sencilla oración, una acción, o ambas.

 

  1. Formulación:

Hace falta crear una imagen mental de lo que deseamos manifestar. Aquí entran en juego las emociones. Si la imagen no nos emociona, la mente divagará y esta imagen se diluirá entre un carrusel de otras imágenes.

 

  1. Pasado, PRESENTE y futuro:

Utilizar el tiempo verbal presente es importante para reafirmar nuestra creencia subconsciente en la materialización del deseo. Acciones verbales como “me gustaría” o “tendré” manifestarán una realidad que siempre se quedará en la posibilidad condicional o el futuro. Hay que traer las cosas al presente.

 

  1. Lo negativo atrae lo negativo:

En el idioma universal no existe el no. Si deseamos un coche y matizamos que queremos este coche pero no este otro, corremos el riesgo de generar una imagen mental subconsciente del coche que NO queremos y además de adherir a esa imagen una carga emocional suficiente para que se manifieste, aunque sea una carga emocional de disgusto.

 

  1. ¿Qué pedir?

Dios respeta nuestro libre albedrío así como nuestras decisiones. No se puede pedir que alguien nos ame si no quiere, no se puede alterar la voluntad de otro ser. El poder del nombre de Dios no se limita a atraer cosas materiales, aunque este parecer ser el principal interés del mundo de hoy. Podemos utilizar este poder para sanar tanto nuestro pasado como nuestro presente. Las posibilidades sólo las determina tu imaginación y tu potencia como creador.

¡Cuidadín con el dinero! Un error muy común es pedir dinero para comprar la manifestación de nuestro deseo. ¡Craso error! El dinero es una creación del hombre, un acuerdo cultural entre los seres humanos. Es resultado de una convención de nuestro libre albedrío y los deseos no intervienen sobre el libre albedrío. El dinero sirve para comprar bienes y servicios. Nuestro deseo debe concentrarse en dichos bienes o servicios, si es que eso es lo que busca en su vida.

¿No será mejor pedir salud, sensatez, alegría, bienestar?

Pero… ¡Ojo! Pedir plenitud y felicidad puede acarrear resultados incómodos. Ambas son resultado de un estado interior y no de adquisiciones materiales, por lo tanto el universo puede hacernos descarrilar de nuestro rumbo actual, y sacarnos de nuestra zona de confort con el fin de que aprendamos un nuevo estado interior desde el que disfrutar esa felicidad y plenitud. Hay que confiar. Merece la pena.

 

  1. Confiar:

No hay que decirle a Dios cómo debe hacer su trabajo. No debe preocuparnos cómo se producirá la manifestación de nuestro deseo. Los caminos de Dios son inescrutables y así debemos aceptarlo.

 

  1. Magia:

La magia es la manera mediante la que podemos intervenir y alterar la realidad. La magia permite nuestro propio espacio de creación individual. La magia busca el camino de menor impacto para manifestar nuestra intención en la realidad creada. No funciona como muestran las películas. Para que se active la magia debemos creer que es posible que nuestro deseo se cumpla, si es la voluntad de Dios. Creer es crear. Si dudas no creas.

 

  1. ¡No funciona!

Su poder de conjurar es directamente proporcional a su integridad espiritual. Comience con objetivos que estén dentro de su esfera de disponibilidad. Según vaya ganando en poder también lo hará en capacidad. Si el conjuro no funciona puede que no sea el momento. Acuérdese de la aceptación.

Hemos visto que el propósito de la existencia humana es aprender y evolucionar, por lo tanto, los deseos que contribuyen a nuestro aprendizaje tienden a cumplirse. Y aquellos que buscan “aprobar sin estudiar” no.

Siguiendo con el símil del arco. Está bien practicar la puntería, y disparar varias flechas. Pero es muy importante que la clausura de cada disparo quede bien hecha. Si los disparos quedan energéticamente conectados, el conjuro diluirá su potencia, y más con cada repetición.

 

  1. Cierre.

Aquí es donde fallan la mayoría de las otras herramientas que pretenden influir en la realidad. La duración del conjuro puede ser de unos cuantos minutos hasta muchos más minutos. El tiempo no es lo determinante. La calidad y la intensidad de nuestro proceso interno sí lo son. Una mayor duración no repercute en un conjuro más poderoso. Por el contrario, una mayor duración puede dispersar nuestra concentración y diluir la potencia de nuestra invocación. El cierre es como encender un interruptor de la luz. Le das y punto. Si le das más veces, lo que puedes hacer es apagar la luz de nuevo, o estropearlo, o fundir la bombilla de tanto sí y no. El cierre es clave para la eficacia del conjuro.

 


 

Para aprender a dominar esta fórmula, además de estudiar la serie de publicaciones y de documentales producidos por Willy M. Olsen, hay una serie de talleres y trabajos diseñados para iniciar el camino.